Peruanas

32,035 vistas · 11 meses hace

⁣En un día de venta cualquiera uno de los departamentos de cierta inmobiliaria recibe un inesperado visitante. Se trata de un moreno que aparentemente tiene una verga igual de grande que el precio del departamento.

Él es recibido por una petite de culo grande que se hace llamar “Agente Inmobiliaria” pero no es más que una sucia puta llamada Andrea Andrade.

Ella le hace un largo recorrido por el departamento sin esperar que estaba a punto de recibir una llamada. Era su esposo avisándole que le había llenado la concha de leche a otra mujer y terminando su relación. Andrea hirviendo de cólera decide continuar con su trabajo e ignorar lo sucedido con su ex esposo.


Sin embargo, ella no puede más con la rabia y decide hacerle una buena mamada al moreno. La puta barata de agente inmobiliaria decide darle un recorrido guiado por su abierta vagina a aquel visitante.

Así que el moreno no se queda atrás y explora con su verga a esa puta, decidiendo comprar el departamento y su culo.

34,460 vistas · 1 año hace

⁣Andrea Andrade y Fiu Fiu llevaban años de matrimonio y decidieron acudir a terapia de pareja para fortalecer su relación, ya que al mayor no se le paraba.

Desde el primer momento, el doctor que los atendió, un hombre de porte elegante y sonrisa cautivadora, captó la atención de Andrea. Sus miradas expresaban un deseo sutil, y cada palabra suya parecía resonar con una intensidad inesperada. Fiu Fiu notó la química, pero en lugar de incomodarse, sintió algo que no podía explicar: una mezcla de curiosidad y emoción.

Durante una de las sesiones, el doctor elogió la pasión y fuerza que veía en Andrea. Sus palabras, envueltas en un tono cálido, hicieron que Andrea se sonrojara mientras Fiu Fiu observaba en silencio.

Algo en la escena lo intrigaba; ver a su esposa bajo esa luz, deseada y admirada, encendía en él una sensación de orgullo y una extraña conexión con la situación. Andrea, por su parte, notaba cómo Fiu Fiu sonreía levemente, más atento que molesto.

Nadie imaginaba que la terapia terminaría con la joven y sensual Andrea teniendo sexo con el atlético terapista, quién no dudó dos veces en meterle su enorme verga en aquel estrecho coñito. El hombre mayor solo atinó a ver cómo se cogían a su esposa.

25,422 vistas · 2 años hace

⁣Fiu fiu, un hombre de más de 70 años, llevaba a su joven esposa Milagros Raiza, de apenas 30, a una cita en el ginecólogo.

Su relación siempre había sido objeto de murmullos por la diferencia de edad, pero él estaba convencido de que su deseo era genuino. Mientras se sentaban en la sala de espera, Milagros no podía evitar sentirse un tanto inquieta.

Fiu fiu, con su mirada cansada sostenía su mano, completamente ajeno a la incomodidad que ella sentía. Cuando el doctor apareció, un hombre alto, atlético y con una confianza arrolladora, Milagros lo miró con curiosidad, mientras Fiu fiu simplemente le sonreía, confiado.

El doctor, quien parecía más una estrella de cine porno que un médico, no tardó en establecer una conexión innegable con Milagros. Sus miradas se cruzaron de forma eléctrica, como si un lenguaje invisible fluyera entre ellos.

Fiu fiu, por su parte, observaba desde el rincón de la habitación sin percibir la tensión. "Necesito examinarte en un área más privada", dijo el doctor con voz firme, y sin titubear, invitó a Milagros a seguirlo a otra área.

Fiu fiu asintió, sin imaginar lo que ocurría entre esa privacidad. Al entrar en la pequeña área, el aire se volvió denso, y la química entre ellos se hizo imposible de ignorar.

Ya en privado, la cercanía entre el doctor y Milagros explotó. Era necesario quitarle la ropa para que el ginecólogo pueda revisarla por completo y mejor. Sus miradas eran cada vez más intensas, y con cada palabra intercambiada, la atracción aumentaba.

Sin poder resistir más, el doctor tomó a Milagros por la cintura y la besó apasionadamente entre las piernas. Ella, completamente entregada al momento, se dejó llevar por la emoción permitiéndose ser cogida por aquel escultural médico, ya era hora de sentir el deseo que no había sentido en mucho tiempo.


Mientras tanto, en la sala de espera, Fiu fiu seguía completamente ajeno, convencido de que su joven esposa simplemente estaba en una consulta médica más.

21,119 vistas · 2 años hace

⁣Milagros Raiza trabajaba como investigadora en una prestigiosa agencia espacial, rodeada de tecnología de punta y proyectos ambiciosos. Entre cálculos y observaciones del espacio aéreo , su día transcurría entre conversaciones técnicas y la presión de los plazos, pero siempre había algo que alteraba su concentración, Henry, su compañero de trabajo.

Desde hace meses, ambos compartían una sutil tensión que flotaba en el aire cada vez que sus miradas se cruzaban o sus manos rozaban accidentalmente. Ninguno lo mencionaba en voz alta, pero era evidente para ambos que había algo más allá de lo profesional.

Una tarde, después de una reunión agotadora, todos sus compañeros se retiraron de la oficina, dejándolos solos. El silencio envolvía el lugar, interrumpido solo por el zumbido de los monitores. Milagros intentó concentrarse en su trabajo, pero sentía la mirada de Henry sobre ella, cada vez más intensa.

Él se acercó lentamente, con una confianza que no había mostrado antes, y la tensión que habían reprimido durante tanto tiempo parecía a punto de estallar. Sin mediar palabras, Milagros extendió una mano, controlando los movimientos de Henry, sus cuerpos se acercaron instintivamente, y cuando finalmente estuvieron a centímetros de distancia, ambos sabían que no había vuelta atrás.

De un momento a otro, Henry tomó las piernas de Milagros entre sus manos y la besó con una intensidad que hizo que el tiempo pareciera detenerse. Ella respondió con la misma pasión, dejando de lado cualquier preocupación o consecuencia.

Sus cuerpos se fundieron en ese beso profundo y deseado, como si todas las emociones contenidas hubieran encontrado finalmente una salida. Mientras el mundo exterior seguía su curso, en esa oficina vacía, lo único que importaba era el latido acelerado de sus corazones y la conexión sexual que por fin se había materializado entre ellos.

31,599 vistas · 2 años hace

⁣Andrea y Milagros, dos amigas sensuales que habían pasado varios años en Estados Unidos, llegaron a Lima emocionadas por su estadía en Perú. Decidieron alquilar un departamento juntas para disfrutar al máximo su visita, pero no esperaban que el lugar ya estuviera ocupado por dos hombres morenos que también compartían el espacio. Al principio, la sorpresa fue evidente, pero tras una breve charla con los chicos, todo fluyó de manera natural. La energía juvenil y la buena vibra entre todos rápidamente rompieron cualquier incomodidad inicial, y los cuatro decidieron convivir sin problemas.



En poco tiempo, se dieron cuenta de que compartían un interés común: el ejercicio. Tanto Andrea como Milagros, dedicadas a mantenerse en forma, empezaron a hacer rutinas diarias junto a los chicos en la sala de la casa. Con el sudor corriendo por sus cuerpos y la adrenalina fluyendo, los entrenamientos se convirtieron en momentos de conexión, donde las bromas y las miradas se volvían cada vez más intensas. La cercanía de los cuerpos durante los ejercicios, los roces accidentales y el ambiente de candente fueron generando una tensión creciente entre el grupo.

Lo que empezó como simples rutinas físicas pronto se transformó en algo mucho más íntimo. Las miradas cómplices entre Andrea y uno de los chicos, y entre Milagros y el otro, fueron el detonante de lo inevitable. Yendo al cuarto, la tensión explotó, y los cuatro se entregaron al deseo, cada uno besando a su pareja de ejercicio. Lo que comenzó como una convivencia casual se había convertido en una intensa conexión de deseo y lujuria, donde la atracción que había estado creciendo se desbordó por completo.