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Omar Pingorocho es señor muy afortunado tiene como esposa a la bella Anaí Loves, una espectacular modelo Colombiana ninfomana, ella todas las noches le pide que la folle, Omar al ser un hombre amante del trabajo y del dinero, solo tiene cabeza para los negocios, en esta oportunidad él decidió ir a trabajar que tener una buena follada con su esposa.
Ella enfadada y arrecha lo deja ir, pero se queda con muchas ganas de sentir un pene en su estrecha y rosada vagina que tiene. al quedarse con ganas sale desnuda de su habitacion y encuentra a su hijastro Goliat un enano pero de pene grande, solo atina a verlo y asi arrecha se echa a descansar nuevamente, el enano, Goliat entra y al verla desnuda totalmente mojadita, roza su pene en todo su redondo culo, ella al voltear y verlo, se sorprende por el tamaño del pene de su hijastro y con el rechazo de Omar, decide ser follada y que su hijastro le llene el coño de leche.
Anai Loves es una bella modelo colombiana de enormes tetas y hermoso culo, ella un dia fue al consultorio de un masajista un moreno vergón, el masajita llamado Botas, cuando empezó con los tocamientos para el masaje, ella le fue confensando que su pareja le fue infiel con su mejor amiga y que estaba dolida y queria pagarle con la misma moneda, el botas no perdió ni un segundo y fue con todo, poniendola más cachonda con los ricos masajes y esas enormes manos morenas, poniendo lentamente su gruesa verga en su hombre y rozar por su cara, como notó que a ella le gustaba no esperó más y empezó a chuparle la hermosa y carnosa vagina, ella no decia nada, solo disfrutaba todo, hasta que finalmente terminaron follando muy rico encima de la camilla.
Las dos amorosas madrastras de Renzo le tiene preparado una gran sorpresa. El sentado en el sillón cuando abre los ojos se sorprende al admirar que su habitaciòn està decorada al estilo que él siempre quiso. No dejó esconder su felicidad y la expresó a sus dos madrastras que estaban en la puerta.
Ellas dos ya le habían dado ese enorme regalo y ahora ellas querían reclamar su premio, uno que se encontraba en las piernas de aquel muchacho. Ellas ingresaron a la habitación, eran unas enormes y musculosas madrastras listas para cobrarse por ese gran regalo.
La tentanción les ganó y el enorme garrote de su hijastro las penetró por el ano abriendo todas sus paredes hasta el interior, rebotando su culo contra el abdomen. La saliva y los jugos empezaron a salpicar en ese cuarto blanco mientras los gemidos de esas dos putas madrastras musculosas salían reclamando la leche de su hijastro.
Milagros Raiza es directora número uno y eso lo demuestra diariamente con sus alumnos, pero la inteligencia no es su único atractivo, la mujer de 40 años tiene un oscuro secreto, ¡Es tremenda PUTA! Le encanta lamer glandes, cabalgar sobre gruesas erecciones y sobretodo ponerse sabrosa dando besos negros a todo hombre que se atreva a intimar con ella.
La hermosa peruana de tetas grandes tiene a una morbosa fetichista escondida por dentro, la muy putona ama dejar con la verga erecta a sus compañeros, poniéndose a coquetear, como una ninfómana, dejando caer lapiceros para agacharse y mostrar su enorme culo o abrirse unos botones de la camisa para andas deleitando con su escote.
Ella tiene a todos con la verga dura, pero sobre todo a sus dos mejores alumnos, JM Boy y Brayan "el botas" ambos con la calentura a más no poder atentos a las tetas de Milagros.
Afortunadamente hoy es el día de suerte para ambos, porque la muy putita se irá calentando hasta terminar quitándose la ropa.
El sol de la tarde caía sobre la cancha del vecindario de Chorrillos, iluminando las camisetas sudadas de El Botas y Denys, dos amigos inseparables dentro y fuera del juego. Ambos eran parte del equipo local, los Chicago Balls, conocidos por su estilo callejero, su energía imparable y esa química única que solo se ve entre verdaderos amigos de cancha.
Frente a ellos estaba Anaí Loves, la modelo colombiana que había llegado desde Los Ángeles con su sonrisa de fuego y el uniforme dorado de los Lakers X. Ella no solo era talento y belleza; tenía una actitud feroz que hacía que nadie se atreviera a subestimarla.
El partido había sido intenso. Risas, choques, miradas que decían más que las palabras. Anaí jugaba con elegancia, pero también con picardía; cada pase, cada giro de cadera, era una provocación silenciosa. El Botas y Denys, competidores natos, se desafiaban entre sí solo para impresionarla.
Al final, el marcador fue claro: los Chicago Balls se llevaron la victoria. Anaí, agotada pero sonriendo, aceptó su derrota con estilo.
—Está bien, chicos… me ganaron —dijo, limpiándose el sudor del cuello—pero no crean que me quedaré sin revancha.
Entre risas y bromas, los tres se fueron juntos, todavía con la adrenalina del partido recorriéndoles el cuerpo. El aire estaba cargado de esa mezcla de rivalidad y atracción, esa tensión que se siente cuando nadie quiere que la tarde termine.
En casa de los muchachos, la competencia se transformó en algo distinto: una segunda partida donde ya no importaban los puntos ni los aros, sino la conexión, la complicidad y la curiosidad por explorar esa energía que había nacido en la cancha.
No necesitaban palabras; bastaban las miradas, el ritmo de la respiración, la sensación de que el verdadero juego apenas comenzaba.
Milagros Raiza trabajaba como investigadora en una prestigiosa agencia espacial, rodeada de tecnología de punta y proyectos ambiciosos. Entre cálculos y observaciones del espacio aéreo , su día transcurría entre conversaciones técnicas y la presión de los plazos, pero siempre había algo que alteraba su concentración, Henry, su compañero de trabajo.
Desde hace meses, ambos compartían una sutil tensión que flotaba en el aire cada vez que sus miradas se cruzaban o sus manos rozaban accidentalmente. Ninguno lo mencionaba en voz alta, pero era evidente para ambos que había algo más allá de lo profesional.
Una tarde, después de una reunión agotadora, todos sus compañeros se retiraron de la oficina, dejándolos solos. El silencio envolvía el lugar, interrumpido solo por el zumbido de los monitores. Milagros intentó concentrarse en su trabajo, pero sentía la mirada de Henry sobre ella, cada vez más intensa.
Él se acercó lentamente, con una confianza que no había mostrado antes, y la tensión que habían reprimido durante tanto tiempo parecía a punto de estallar. Sin mediar palabras, Milagros extendió una mano, controlando los movimientos de Henry, sus cuerpos se acercaron instintivamente, y cuando finalmente estuvieron a centímetros de distancia, ambos sabían que no había vuelta atrás.
De un momento a otro, Henry tomó las piernas de Milagros entre sus manos y la besó con una intensidad que hizo que el tiempo pareciera detenerse. Ella respondió con la misma pasión, dejando de lado cualquier preocupación o consecuencia.
Sus cuerpos se fundieron en ese beso profundo y deseado, como si todas las emociones contenidas hubieran encontrado finalmente una salida. Mientras el mundo exterior seguía su curso, en esa oficina vacía, lo único que importaba era el latido acelerado de sus corazones y la conexión sexual que por fin se había materializado entre ellos.
Milagros Raiza es la agente inmobiliaria que cualquiera quisiera tener. Hace un excelente tour por la casa a comprar, muy comprensiva y sobre todo que al final de la compra te da un regalo muy caliente y especial.
El huésped de hoy estaba decidido a comprar esa casa, pero estaba más motivado por el enorme culo que se paseaba por los pasillos de aquel lugar. Para él no importaba el precio, con tal de recibir un húmedo y resbaloso obsequio de compra ofrecido por la puta agente inmobiliaria.
Justo antes de cerrar el trato, la putita de tetas grandes tenía que consentir al huésped por la compra. Asi que abrió el enorme hueco de su culo, para recibir todo el esperma de aquel amable comprador.